El barroco francés se reconoce por su carácter cortesano, mitológico y decorativo. Predominan los bustos, las estatuas ecuestres, las alegóricas y la escultura funeraria. Tiene cierta tendencia al clasicismo.

Durante el reinado de Luís XIII la escultura se reduce a los retratos casi siempre de carácter funerario. Destacan Simón Guillain y Jacques Sarrazin.

Durante el reinado de Luís XIV la escultura entra a formar parte del arte oficial que exalta a la monarquía absoluta. Versalles será el centro del arte en Francia. Aquí trabajarán escultores como François Girardon, que es el escultor más significativo, ya que tiene un gusto clásico. Realiza obras como Apolo y las Ninfas, la fuente de las pirámides o el sepulcro del cardenal Richelieu, en el cual prescinde de toda integración con la arquitectura a favor del efecto teatral. Pierre Puget es el más típicamente barroco, por su dramatismo, tensión y la violencia formal de sus obras. Está claramente influido por Bernini: Milón de Cortona, Alejandro y Diógenes, Andrómeda liberada por Perseo. Y Antoine Coysevox que realiza numerosas estatuas para el conjunto de Versalles y los mausoleos de Mazarino y Colbert.

Ya en el siglo XVIII destacan escultores, de gusto rococó, como François Dumont, Edme Bouchardon o Jean-Baptiste Lemoyne.